Otro año más y… así seguimos caminando hacia adelante en el sendero de la vida.
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Imágen: Pexels
Es casi una ley silenciosa: avanzamos, incluso cuando no entendemos del todo hacia dónde.
El mar me enseñó algo simple y brutal a la vez: ninguna embarcación avanza si arrastra peso innecesario. El lastre —agua, arena o metal utilizado para dar estabilidad cuando no lleva carga— existe para equilibrar, no para hundir.
Y sin embargo, en la vida, muchas veces cargamos un lastre emocional que ya no cumple ninguna función.
Nos pasa a todos.
Llevamos cargas emocionales, mentales y vinculares porque nunca decidimos bien qué hacer con ellas. Se vuelven costumbre. No nos equilibran. No aportan. Pero pesan.
En mi caso, fue el ego el que habló primero. Ese que se amarga por todo, que pelea batallas que no conducen a nada, que se enrosca y se equivoca.
Y así me quedo, sin poder tirar el lastre de la vida.
Imágen: Giphy.
Sea el estudio, el trabajo, los hijos, los amigos, un negocio o un vínculo —incluso lo no dicho— llega un punto en el que hay que dejar atrás todo eso que pesa.
Es parte del crecimiento personal. Porque avanzar también es elegir qué no llevar.
Muchas cosas no salieron como pensábamos. Adoptamos posturas que hubiéramos querido analizar más, pero el tiempo no siempre espera. Decidir lleva tiempo. Y a veces decidimos tarde o solos.
Hay cosas que dejamos atrás porque no se puede arrastrar todo eternamente.
Cuando lo evitamos, el peso se vuelve más pesado todavía.
Decisiones que marcan la vida y no vuelven atrás
Lo que describo es un lastre que hoy se va.
Es una intuición que apareció al pensar en algo tan intangible como el tiempo: los vínculos y las pequeñas decisiones que, sin darnos cuenta, se transforman en un punto inamovible en nuestra historia.
Hay algo que entendí hace poco: muchas cosas se pierden por decisión.
Decidir ir a casa en lugar de quedarse a tomar un café.
Decidir callar en lugar de decir algo que podría haber cuidado el vínculo.
Decidir no ir, cuando podríamos haber ido y disfrutar la oportunidad.
Decidir responder mal, cuando podríamos haber aprendido juntos.
Nada de eso parece definitivo en el momento. Pero el “punto inamovible” queda en el día después, cuando recordamos lo que ocurrió.
Imágen: Pexels.Vivimos en el plano de las formas y el tiempo hace que las formas perezcan: la forma del cuerpo, del gesto, de una charla, de un vínculo. Las formas son frágiles. Aparecen, coinciden un rato, cumplen su función… y se disuelven.
No vuelven a repetirse igual. Podemos reencontrarnos con alguien, sí. Pero no es el mismo momento ni somos exactamente los mismos. El vínculo ya cambió.
Si cada encuentro es una oportunidad única, entonces estar presentes es una decisión consciente. No desde la obligación, sino desde la comprensión de que hay minutos exactos que no se repiten.
Hay una diferencia enorme entre haber pasado por la vida de alguien dejando presencia, una palabra justa o un silencio cuidado… y dejar indiferencia o ausencia.
La forma no dura. Nosotros tampoco. Cien años, con suerte, son apenas un parpadeo.
Y acá viene lo importante: lo que queda del vínculo pesa más de lo que creemos.
Y cuando es verdadero y genuino, ese es el único lastre que vale la pena llevar. El que sostiene y nos hace crecer.
Tal vez por eso el pasado vuelve en Navidades, cumpleaños o aniversarios. No vuelve la forma. Vuelve la emoción. Y ahí el lastre deja de ser carga: se convierte en equilibrio.
Imágen: Pexels.
Doña Carola me dice:
“Cuando algo te empiece a pesar, deslastrá hija.
El barco toma agua para equilibrarse.
Pero cuando esa carga ya no cumple su función… puff, al agua!”
La verdadera responsabilidad no es pensar qué hay después del punto inamovible. Es decidir cómo vivimos ahora.
Porque este día, este gesto, este vínculo, no se repiten.
Y depende de nosotros que la energía compartida sea honesta, consciente y extraordinaria 💘
Para mi querido lector:
Quizás en los clubes de barrio aprendimos nuestros primeros lastres: pertenecer, competir, querer ganar, querer gustar. Algunos nos equilibraron. Otros, con el tiempo, dejaron de cumplir su función.
Y ahí empieza otra historia 😜
Un abrazo,
Gri 💕



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