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La Llegada del Saint Fran y su Misteriosa Carga: Un Buque Alienígena en Dock Sud - Capítulo IV

La Boca vs. Nápoles: Maradona, choripán y pizza fritta en dos barrios místicos.


 Por: Grisse.E.


¿Puede un barrio entero, en Argentina o en Italia, tener un modismo local similar y al mismo tiempo oler a choripán o pizza?
Bienvenidos a esta comparación extraordinaria entre La Boca (Vuelta de Rocha) y Nápoles, donde los colores, las expresiones, los gritos y la devoción por Maradona se mezclan como salsa y fideos. Prepárate para una travesía cultural con mucho amor, tango, mandolina*... ¡sin filtro!


*Mandolina: instrumento de percusión musical nacido en el siglo XVI.

1. Conventillos vs. Quartieri Spagnoli: paredes que hablan (o chusmean).


En La Boca, los conventillos (hogares colectivos que albergaron inmigrantes desde principios del siglo XX) parecen haber sido pintados por una criatura interactiva con acceso libre al atelier de Benito Quinquela Martín: 


Casitas La Boca- Colores
Imágen: Pexels


Niños con actitud
                               Imágen: Ghipy

Puertas rojas, ventanas verdes, techos azules y ropa colgando por todos lados, como si fuera una exposición artística.
Y quizá sea más que un atractivo turístico identitario: ciudades como La Boca y Valparaíso (Chile) recibieron oleadas de inmigrantes europeos durante los siglos XIX y XX. Son ciudades hermanadas por la historia y el color.
En Nápoles, los quartieri tienen la misma lógica: todo apretado, calzones colgando, y vecinos que saben más de tu vida que vos mismo. La diferencia está en la música del idioma: allá las tías gritan en italiano estrepitoso, y acá en porteño cerrado, con color del mate y olor a factura.


Calle pasillo- Nápoles
                                       Imágen: Pexels


2. Maradona, el santo de las dos orillas.


Impresiona ver cómo el astro del fútbol es idolatrado de igual manera en ambos barrios al mismo tiempo. 

En Nápoles, D10S tiene murales, altares, estampitas, llaveros y probablemente hasta vino bendecido con sus pelos. En La Boca, lo mismo... pero con mate y facturas, bandera argentina y aires de fútbol sudamericano.
Además se cruza un pintor argentino llamado Benito Quinquela Martín, nacido en La Boca en 1890, cuya obra es una confesión artística de la vida de este puerto. Si Benito hubiera conocido a Diego, se entrelazaban el arte del color con el de la destreza del juego. Fueron dos almas unidas por La Boca, separadas en el tiempo por apenas una transición generacional. Benito murió en 1977, y Diego debutaba a los 15 años en Argentinos Juniors, un año antes. Estuvieron a nada de conocerse...

Monumento Benito en La Boca
                               Imágen: https://universes.art/


Del otro lado del Atlántico y contemporáneo a Benito, brillaba Totò (Antonio de Curtis), gran artista napolitano que, en lugar de óleo, pintaba la ciudad con su humor y su cuerpo. Si Benito embellecía el puerto con pinceles, Totò lo hacía con carcajadas.


Qué golazo hubiera sido para Diego conocer a estos hombres que retrataron la idiosincrasia de las ciudades que tanto lo veneran.

Antonio de Curtis- Totò
                                Imágen: Ghipy

3. El golfo de Nápoles y el Riachuelo: dos costas, una misma esencia (con diferente fragancia).


El Golfo de Nápoles te regala vistas cinematográficas: barquitos, lanchas, el Vesubio de fondo y aire mediterráneo.


El Riachuelo, en cambio, ofrece una postal más industrial, con tango de fondo y en ciertos lugares una fragancia inolvidable 💩 

 

Chiste- olor feo
                                Imágen: Ghipy

Y sin embargo, ambos son más que paisajes: son memoria, cultura y punto de encuentro.


4. Comida callejera: choripán vs. pizza fritta.


En La Boca, el choripán es religión. Un chorizo jugoso, bien parrillado, metido en pan crujiente y coronado con chimichurri o salsa criolla (a mí piace più la salsa criolla). 

No es un simple sándwich: es una ceremonia, un evento.
Lo comés parado en Caminito, en la Bombonera o en otra cancha, o en la vereda... de tu corazón. 

Cada bocado es barrio, pasión y abrazo de cancha. ¡Y encima viene antes del asado!

La pizza fritta no se queda atrás para nada: masa rellena con ricota, provolone, tomate o salame, frita en aceite caliente. Es callejera, es festiva, es tarantela pura. Yo no la he degustado aún. Debe ser la que comió Julia Roberts en "Comer, rezar, amar" (2010).

Ambos manjares se disfrutan al lado del río o del mar, con birra fría y dedos brillosos. Imposible elegir ganador. El choripán es un tango, conquista. La pizza fritta, una tarantela. Ambos son el centro emocional cultural callejero de sus barrios.

Y una vez más, el verdadero campeón es Maradona.

Dieguito saludando
                               Imágen: Ghipy


5. Palabritas de esquina: cuando el napolitano y el porteño se entienden a los gritos (aunque ninguno hable inglés).

Tanto en La Boca como en Nápoles, la calle habla con las manos, con tono alto y esa musicalidad que convierte cualquier rabieta o enojo en ópera. Aunque parezca que se entienden, hay diferencias que pueden causar risa y confusión.

Porteño: "Che boludo, dejate de joder."
Napolitano: "Uagliò, vafammocc’!"


Ambos usan el gesto universal, que según el contexto puede significar: 

"¿Qué hacés?", "¡No me jodas!" o "¡Cuánto cuesta esto, maestro?!" frotando el pulgar con el resto de los deditos.

En La Boca, decís: "¡Cuánto sale, campeón?"
En Nápoles, preguntás: "Quant'è, uagliò?"


No importa el idioma: el lenguaje del bolsillo es universal, dice la mamma. 

Y con un choripán o una pizza fritta en la mano, todos hablamos el mismo idioma, ¿no?

Ambas comidas son producto del ingenio popular frente a las necesidades de la época, que se transformaron en íconos del sabor humano. 

¿Te imaginás todas las comidas y sabores que aún quedan por inventar?


Espero este post te haya entretenido, brindo por el chori y la pizza. 

Por la alegría de la vida y por la compartición de la cultura a la distancia  🌭🍕😁



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