Durante mucho tiempo el hábito de la escritura me ayudó a ser consciente de mis acciones. Todos repetimos hábitos que nos suman.
Porque el darle vueltas a las cosas, revisarlas, mirarlas desde distintos ángulos, era sinónimo de dudas.
Con el tiempo, entendí que no.
Pensarse no es castigarse
Es escucharse.
No hablo de analizarse con dureza ni de pasar lista de errores como si uno fuera su propio juez.
Tampoco de quedarse atrapado en el pasado o en lo que “debería haber sido”. El solo hecho de vivir ya nos da suficientes oportunidades para equivocarnos.
Hablo de algo más silencioso.
El valor de hacerse preguntas honestas
Cuestionarnos con preguntas simples, pero profundas:
¿Por qué reaccioné así?
¿Qué me dolió realmente?
¿Qué parte mía estaba hablando en ese momento?
¿Esto que siento es enojo, cansancio o miedo?
Sin juzgar.
Sin condenar.
La posibilidad de corregirse no debería ser un tribunal.
Debería ser un espacio interno seguro, donde uno puede decir con tranquilidad: “esto me pasa”, sin tener que justificarse ni defenderse.
Imágen: PexelsEscribir como espacio de orden interno
Muchas de estas preguntas no las respondí hablando.
Las respondí escribiendo.
Algunas ideas las dejé en papel.
Otras las pensé caminando.
Otras simplemente las miré de frente… y las dejé pasar.
Ese ejercicio —sin saberlo— se convirtió en mi forma de aclarar la mente.
No para resolverlo todo, sino para comprender las situaciones de una forma más flexible.
Cuando uno se entiende un poco más:
reacciona menos,
elige mejor,
explica menos,
se cuida más,
Y después, uno puede vincularse mejor en consecuencia.
Autoentenderse no es buscar respuestas inmediatas
Muchas veces es solo aprender a quedarse con la pregunta importante.
Aceptar que no todo se resuelve ya.
Ni hoy.
No todo necesita una conclusión inmediata.
Algunos procesos maduran solos, no se apuran.
Esta serie no es una invitación a reemplazar ningún acompañamiento profesional.
Es algo mucho más simple y más cotidiano, del día a día:
👉 Pensarnos con respeto.
👉 Sin castigarnos por sentir.
👉 Sin exigirnos entenderlo todo ya.
A veces, con mirarnos con un poco más de honestidad y menos dureza… alcanza. Es necesario.
☕ Doña Carola diría (porque la vida también necesita humor):
“Pensarse está bien. Pero martillarse el coco a cada rato... no: después no entran ideas nuevas.” 🤣
✨ A mi querido lector:
Si alguna vez escribir, caminar o pensar en silencio te ayudó a ordenar algo por dentro, seguramente este texto te resuena.
Podés dejar un comentario 🧡
Compartir una reflexión también es una forma de aclararnos la mente 🧠😄
Imágen: Karola G- PexelsCompartir, crecer juntos y brillar. Es cultural. 💫
Un abrazo, Gri 💕




Comentarios